Comentario de texto de DESNUDA ESTÁ LA TIERRA de Antonio Machado

Desnuda está la tierra,

y el alma aúlla al horizonte pálido

como loba famélica. ¿Qué buscas,

poeta, en el ocaso?

¡Amargo caminar, porque el camino

pesa en el corazón! ¡El viento helado,

y la noche que llega, y la amargura

de la distancia!… En el camino blanco

algunos yertos árboles negrean;

en los montes lejanos

hay oro y sangre… El sol murió… ¿Qué buscas,

poeta, en el ocaso?

(Soledades, galerías y otros poemas, A. Machado)

El poema que se nos presenta para comentar pertenece al escritor Antonio Machado, poeta sevillano nacido en 1875. Fue hijo de una familia de intelectuales que se trasladó a Madrid cuando nuestro poeta tenía sólo ocho años. Cuando Antonio tenía 18 años muere su padre y tiene él que dedicarse a trabajar para sacar adelante a su familia: se convierte en actor teatral. En 1899, va junto con su hermano Manuel, a París, como traductor. Allí conoce a Rubén Darío, que le influirá en la primera parte de su producción literaria.

En 1903 vuelve a Madrid y colabora en revistas y periódicos como Helios, Blanco y negro, El País, etc. Posteriormente obtiene una cátedra de francés en el Instituto de Soria, donde transcurre una etapa fundamental de su vida: allí conoce a Leonor Izquierdo, mucho más joven que él, con quien se casa en 1909. Poco después, en agosto de 1912 la joven esposa muere como consecuencia de una violenta hemoptisis y él, muy afectado, se traslada a Baeza, aunque su alma permanecerá siempre en Soria.

En 1927 es elegido miembro de la Real Academia de la Lengua Española. En 1932 obtiene una cátedra en el Instituto Calderón, de Madrid, donde le sorprende la guerra civil, participando del lado republicano. Se traslada a Valencia donde vive una temporada y desde allí, pasando por Barcelona, se exilia a Francia en 1939, muriendo en Colliure el 22 de febrero de ese mismo año.

Machado, a pesar de ser un poeta no muy fecundo, escribió obras poéticas importantes que han dejado honda huella en la posteridad; entre ellas deben citarse Soledades, galerías y otros poemas, (1903-7), a la que pertenece el poema que vamos a comentar, Campos de Castilla (1912-17), Nuevas canciones (1924), Poesías en guerra (1937). En prosa publicó un conjunto de artículos, párrafos sueltos o cortos diálogos bajo el nombre de Juan de Mairena y, por último, con su hermano Manuel algunas piezas teatrales entre las que destacan Juan de Mañara, La Lola se va a los puertos, La duquesa de Benamejí, etc.

Los temas predilectos de Machado no son abundantes, pero sí muy reiterados a lo largo de sus páginas. Destacaríamos cuatro:

a) El tiempo, es el tema más importante y, según el propio poeta, posee una influencia esencial en la vida. Para expresar la temporalidad el poeta se sirve de las distintas partes del día o bien del diálogo entre el propio poeta y elementos que para él indican temporalidad: mañana, noche, fuente o agua.

b) La filosofía, le preocupa también por la temporalidad. Es de destacar la influencia de autores como Kant, Hegel, Schopenhauer y Bergson.

c) La religión, donde deben distinguirse dos aspectos fundamentales: el propiamente religioso que Machado criticó en su aspecto fetichista, y el tema de Dios a quien don Antonio buscó durante toda su vida sin conseguir encontrarlo.

d) La patria, donde aparece como auténtico noventayochista, es decir, un hombre preocupado por la realidad española de su época, que Machado denuncia y critica: la despreocupación, la superficialidad, la ignorancia, los vicios, etc.

Resumiendo, Machado ha pasado a la posteridad y ha influido en otros poetas fundamentalmente por los siguientes rasgos:

– La hondura en el enfoque de los problemas humanos.

– La identificación de un poeta con su tierra.

– La fidelidad a sí mismo.

– Por ser una de las cimas poéticas del s. XX.

Para situar el poema vamos a referirnos brevemente, pues no queremos ser prolijos, a la obra a la que pertenece y a su época. En 1903 publicó Machado una obra con el título de Soledades, que contenía 60 poemas. A esta primera versión se le añadieron 31 poemas que constituyen las “Galerías” y cinco poemas más que forman la agrupación denominada “Otros poemas”. La obra se publica de manera definitiva en 1907 con el nombre de Soledades, galerías y otros poemas.

El libro apareció en un panorama puramente modernista, pues en 1888 aparece la obra Azul, en 1896 Prosas profanas y en 1905 Cantos de vida y esperanza, todas ellas de Rubén Darío. Junto al autor nicaragüense publican obras también de carácter modernista autores españoles de los que sólo vamos a nombrar los más significativos: Poemas paganos (1896), de Manuel Reina, La corrida de toros (1889), de Salvador Rueda, El alto de los bohemios (1902), de Villaespesa y Alma (1900), Caprichos (1905), La fiesta nacional (1906), de Manuel Machado.

Sin embargo, Soledades rompe, en parte, con el Modernismo, pues aunque algunos poemas tienen carácter modernista, el modernismo de Machado es mucho más íntimo y personal que el de los autores citados anteriormente. Es innegable que en algunos poemas de la obra (XXVI, XXXI, etc.) predomina la forma sobre el contenido y que la emoción que el autor nos transmite se nota poco verdadera y es casi exclusivamente estética; sin embargo, la mayor parte del libro encierra un contenido que poco tiene que ver con el Modernismo propiamente dicho.

Es importante destacar el simbolismo que poseen muchos elementos de la obra (agua, tarde, tiempo, sueño, fuente, etc.) que le sirven a Machado para expresar sentimientos hondos y profundos.

Con sólo abrir la obra vemos cómo Machado se asombra ante lo que observa, fundamentalmente paisaje, y vemos cómo éste le produce dos emociones entremezcladas, la pena y la esperanza y como consecuencia aparece el tono fundamental y más característico de la obra: la melancolía, que, repetimos, le viene producida por la observación del paisaje o simplemente por un recuerdo de su infancia o su juventud. El recuerdo es un mecanismo al que recurre con muchísima frecuencia.

Según Sánchez Barbudo en la obra aparecen cinco grupos de poemas: unos expresan pasmo o asombro ante lo que el poeta observa; otros hacen alusión a la falta de amor (Machado siempre se quejaba amargamente de que las mujeres no le querían) o a una vieja angustia. En tercer lugar aparece un grupo de poemas que nos hablan de recuerdos, sueños y galerías íntimas; otros poemas se

refieren a descripciones e impresiones que siente el autor ante lo que observa. Un último grupo aparte, el menos importante y numeroso, recoge los poemas de carácter modernista.

Vamos a referirnos ya directamente al poema que nos ocupa. Es el número LXXIX y corresponde al apartado de “Galerías”, cuyos poemas suelen ser una indagación en lo más profundo y hondo del ser del poeta. Como en otras muchas ocasiones, en este poema Machado se vale del paisaje exterior para reflejar su estado anímico. Hay, pues, identificación entre el alma del poeta y el paisaje que se describe. Tanto una como otro se nos presentan oscuros, tristes, desamparados.

El tono general del texto es de melancolía, de desánimo, de pesar ante un recuerdo o ante la búsqueda de una explicación a su estado actual de desánimo. Machado se encuentra apesadumbrado, como en otros muchos poemas de la obra, y nos lo refleja mediante un paisaje oscuro, monótono, triste y amargo. Es muy probable que ese desánimo o malestar le venga producido como consecuencia de una reflexión sobre su vida, reflexión que se produce en el momento en que escribe el poema. El poeta se siente mal y ante ese malestar analiza su pasado y en él no encuentra nada agradable ni válido que le aparte de esa desazón que siente en el momento de escribir.

Es un poema de carácter íntimo y personal y, como en otros muchos casos, Machado analiza su situación presente mediante una introspección que casi en todos los casos resulta dolorosa por lo vacía que encuentra su vida, donde no encuentra cosas positivas ni momentos de alegría. Así en el texto casi todo es frío, oscuro, desangelado, triste y amargo. Basta fijarse en los versos para poder comprobarlo. Así, los verbos, aúlla, pesa, negrean, etc.; los sustantivos, noche, amargura, distancia, ocaso, etc. ; y, sobre todo, los adjetivos (predominan por ser un texto descriptivo), desnuda, pálido, famélica, amargo, lejanos, etc. indican y confirman ese malestar y esa amargura que aquejan al poeta.

Machado se encuentra abatido por cualquier causa, puede ser la vieja angustia, que siempre poseyó; la falta de amor, de la que siempre se quejó; la ausencia de Dios, a quien buscó siempre y nunca pareció encontrar, o, en general, su estado de ánimo depresivo, casi enfermizo y pesimista que según el mismo poeta se debe a “un dolor” que siempre le acosó y le hizo encontrarse perdido en un mundo, al que en muchos casos no encuentra sentido. Ese hallarse perdido en la vida le conecta con otros escritores y pensadores existencialistas como Schopenhauer, Bergson, Sartre, etc.

Sin embargo, en el poema aparece, tampoco es raro en nuestro poeta, una leve esperanza, una ligerísima fe en que este estado anímico sea superado. El poeta parece vislumbrar a lo lejos un rayo de esperanza. De ahí que junto a este paisaje oscuro, lúgubre, triste, aparezca “un camino blanco” que el poeta ve lejano y casi inexistente, pues junto “al camino blanco” hay “árboles que negrean”, pero ahí queda reflejada levemente esa blancura para dar en el poema esa sensación de melancolía producto de esa lucha entre lo triste y lo alegre, la desesperanza y la esperanza, la pena y la ilusión, siempre juntas y casi siempre inseparables en Machado.

De cualquier forma, y pese a todo, el tono general y global del poema es, como ya se dijo, de tristeza, de amargura, de desánimo y de malestar por algo que el poeta no nos confiesa, pero que le produce esa angustia que le hace gritar desesperadamente: “¿Qué buscas,/ poeta, en el ocaso?”. El autor se encuentra perdido y vacío y ante este sin sentido se pregunta qué buscas, a qué aspiras y a esa interrogación retórica nos responde él mismo identificándose hiperbólicamente con una loba hambrienta: nada, es decir, busco, pero no encontraré nada.

A nivel formal nos encontramos con doce versos de los cuales la mayoría son endecasílabos: 2, 3, 5, 6, 7, 8, 9 y 11 ( en el segundo observamos doce sílabas gramaticales, pero por terminar en palabra esdrújula cuentan métricamente once sílabas) y otros heptasílabos: los restantes. Si nos detenemos a observar la rima podemos comprobar que ésta es asonante en los pares, a-o (la sílaba postónica del segundo verso no interviene en la rima) por lo que podemos concluir que nos encontramos ante un tipo de composición muy utilizada por Bécquer con anterioridad y por nuestro poeta, Machado, y que recibe el nombre de silva romance o silva arromanzada, por tener sus versos el metro propio de la silva y la rima propia del romance.

También podemos destacar algunos recursos, pocos, pero muy bien utilizados, que hacen que ese mensaje que se nos quiere transmitir nos llegue de una manera más poética. Así, destacaríamos las metáforas “loba famélica” de enorme plasticidad y fuerza que representa al poeta, hambriento, deseoso de encontrar una respuestas a sus preguntas, a sus búsquedas, a sus preocupaciones; “en los montes lejanos / hay oro y sangre”, que le sirve para describir el anochecer, cuando está desapareciendo el sol; “el sol murió”, que debemos entender al pie de la letra, es decir, oscureció, se hizo de noche y, además, como expresión connotativa de su interior, de su angustia y malestar, de la falta de algo agradable y dichoso. La personificación “desnuda está la tierra”, que se refiere también a la soledad y desnudez del poeta; la sinestesia “amargo caminar” (el caminar no es amargo) lo es su estado anímico; la interrogación retórica “¿Qué buscas,/ poeta, en el ocaso?”, que le sirve para hacer hincapié en esa búsqueda que sabe, o al menos presiente, que no va a tener hallazgo, o el uso de las exclamaciones para insistir y resaltar su estado emocional.

También son dignos de resaltar la utilización del polisíndeton, sobre todo en la segunda estrofa, que sirven al poeta para dar lentitud y reposo a lo que dice, en perfecta armonía con lo que quiere decir: lo pesado, lo amargo, lo monótono que le resulta andar por la vida en esa situación; o la utilización de la reticencia (se expresa mediante puntos suspensivos) que el poeta utiliza para sugerir su estado de ánimo al lector: su tristeza, su pena, su desazón, su malestar se lo producen “la amargura del camino”, “la pesadez del corazón”, “el viento helado”, “la distancia” y… lo que nosotros queramos y podamos suponer.

Concluyendo, hemos analizado un poema de A. Machado perteneciente a su primera obra, Soledades, galerías y otros poemas, donde hemos apreciado el tono general del libro, la melancolía, y la temática de su obra en general, la soledad. En él predomina la tristeza y la amargura del poeta ante la vida. En algún momento se ha visto una levísima esperanza analizada en el pasado y proyectada hacia el futuro. Formalmente es una composición representativa de esta obra tanto por la métrica, como por los símbolos (el camino como vida) y estilísticamente es un poema aparentemente sencillo, pero donde se observa una perfecta selección léxica y un reducido número de recursos estilísticos, como la metáfora que identifica al poeta con una loba famélica, que junto a un ritmo lento y reposado dan al poema un tono sentencioso.

Todo ello nos confirma la concepción poética de Machado: la poesía como medio de comunicación. El poema posee gran calidad literaria, conseguida gracias a la estrecha relación entre el fondo y la forma: para expresar un tema hondo y profundo se han elegido medios lingüísticos y literarios austeros, pero muy rentables.

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