Comentario del romance Abenámar, Abenámar

ROMANCE DE ABENÁMAR: «Abenámar, Abenámar, moro de la morería»

— ¡Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!
Estaba la mar en calma,
la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace
no debe decir mentira.
Allí respondiera el moro,
bien oiréis lo que diría:
—Yo te lo diré, señor,
aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho
mi madre me lo decía
que mentira no dijese,
que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey,
que la verdad te diría.
—Yo te agradezco, Abenámar,
aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?
¡Altos son y relucían!
—El Alhambra era, señor,
y la otra la mezquita,
los otros los Alixares,
labrados a maravilla.
El moro que los labraba
cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra,
otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,
huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,
castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
—Si tú quisieses, Granada,
contigo me casaría;
daréte en arras y dote
a Córdoba y a Sevilla.
—Casada soy, rey don Juan,
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene
muy grande bien me quería.

COMENTARIO DE TEXTO
Introducción
§ Localización

Los Romances son poemas cantados, tradicionales, anónimos y más bien populares, que se transmitían oralmente de pueblo en pueblo, incluyendo en ellos una amplia variedad temática. Circulaban en hojas de pliego, “ciegos”, y no fueron recopilados hasta finales del siglo XIX. Solían ser anónimos.

El Romance de Abenámar es una de las composiciones más destacadas del Romancero Viejo, un conjunto de poemas anónimos elaborados durante los siglos XIV y XV donde tanto podemos hallar la poesía épica (para Meléndez Pidal, los romances tienen su origen en la fragmentación de la épica) como la lírica tradicional, con la que comparte muchos rasgos de estilo. Se trata de un romance fronterizo (romances históricos que hablan de los hombres de la frontera, especialmente de la frontera granadina, donde son contados los sucesos entre moros y cristianos) y de escena, puesto que te introduce en un hecho, ya sea metafórico o real, sin desenlace, sin continuación.

No obstante, existe de este romance una versión más larga en la que se describen más hechos no descritos en esta versión trunca y la que sí contiene un desenlace determinado. (También existe una versión sefardí y otras)

Como hemos explicado, el Romance de Abenámar es un romance fronterizo, histórico; a pesar de eso, destaca por su calidad y su fuerza poética. Son justamente estos elementos dramáticos y líricos los que alejan al Romancero del estilo de la épica y dotan a romances como éste de una innegable fuerza expresiva.
§ Situación

El romance se sitúa en la época del reinado de Juan II de España, antes de la llegada de los Reyes Católicos, concretamente en la ciudad de Granada. Se trata de los tiempos en que los musulmanes estuvieron viviendo en la Península Ibérica y tuvieron que convivir cristianos y musulmanes en un mismo territorio. Parece ser que se refiere concretamente al año 1431, cuando un tal príncipe árabe llamado Abenalmao ofreció sus servicios al rey Juan II para obtener, una vez conquistada por los cristianos, el gobierno de Granada. No obstante, no está demostrado que el romance nos hable exactamente de este episodio histórico.
Contenido

El romance nos habla sobre el deseo del rey Juan II de España de incorporar Granada a su reino. Este deseo nos es mostrado a través de dos diálogos del rey con el moro Abenámar y del rey con la ciudad de Granada respectivamente. Granada aparece personificada y convertida metafóricamente en una mujer. En el primer diálogo, el rey quiere conocer las riquezas de la ciudad admirada, y para eso invita a Abenámar a decirle la verdad. Apela para ello a su naturaleza virtuosa, resultado de las circunstancias favorables que rodearon su nacimiento (el mar en calma, luna llena…). Éste le responde con una descripción continuada de las mayores grandezas de Granada. Le habla de la Alambra (Alhambra), de la mezquita, de los Alixares…y lo hace atribuyendo una armónica y admirable belleza a cada una de ellas. Ya en este primer diálogo podemos entrever el gran interés del rey por la ciudad de Granada; pero este interés se verá sobre todo al final del poema, puesto que se manifiesta de manera ascendiente: cada vez se hace más fuerte y expresivo su deseo. Por ejemplo, en la segunda intervención del rey, la pregunta seguida de exclamación sobre los castillos de Granada nos delata ya su admiración y su ambición por poseer la ciudad:
¿Qué castillos son aquéllos?
¡Altos son y relucían!

En el segundo diálogo, el rey le propone a Granada que se “case” con él, ya sea en el sentido literal de boda entre hombre y mujer, como en el sentido metafórico entre el reino de España y la ciudad: quiere que se incorpore a su reinado. La Granada-mujer no rechaza al rey don Juan, ni tampoco acepta la propuesta. Tan solo (sólo) deja dicho que ya está casada con un rey árabe, aunque no dice que ella lo quiera: solo constata el gran amor que él siente por ella. De esta manera queda implícita cierta incitación al rey Juan a probar su valor como amante, a demostrar con hechos que la fuerza de su pasión puede superar el amor del árabe que la tiene. Además, al final del texto, podemos sentir como esta vaga incitación enciende aún más el deseo del rey.
-Casada soy, rey don Juan,
Casada soy, que no viuda;
El moro que a mí me tiene
Muy grande bien me quería.
Estructura

El romance se inicia in media res, un comienzo muy habitual en el romancero, que consiste en empezar a contar los hechos por la mitad de la historia. Decimos que se inicia de esta manera porqué no se nos es (porque no nos es) presentada una introducción que presente a los acontecimientos previamente: quienes (quiénes) son los personajes, en que (qué) momento de la historia nos encontramos, cuales (cuáles) son los hechos que han sucedido anteriormente, etcétera. No hay, entonces, una previa situación en el tiempo y en el espacio. Ésta es una tarea que debe ser ejercida por el oyente o el lector.

El Romance de Abenámar tampoco presenta un desenlace: es una historia abierta, sin continuación definida.

Podríamos decir que el romance presenta solamente la parte intermedia de una narración: el nudo o el desarrollo de los hechos.

Dadas éstas circunstancias, no nos es difícil afirmar que este poema es, claramente, un romance-escena, y no una narración.
Des del (desde el )punto de vista del contenido, podemos dividir el romance en dos partes, que corresponden a los dos diálogos que sostiene el rey. La primera parte consiste en el diálogo entre el rey y Abenámar y coincide con los versos 1-36 del poema. Así mismo, esta parte también consta de dos momentos diferenciados: la cortés exhortación del rey a Abenámar a responder a su pregunta con veracidad, cosa que el moro promete cumplir (tal como afirma en los versos 11-20), y la pregunta del rey respeto a la belleza de la ciudad, pregunta que el moro responde con gran descripción y exaltación. La pregunta del rey ya empieza a manifestar su deseo de poseer la ciudad, que sentimos crecer conforme avanza la espléndida descripción de Abenámar. Esta primera parte constituye un diálogo perfectamente posible i (y) real. (Es importante señalar que el moro es digno, puesto que esto otorga dignidad al enemigo, como se hace en los poemas de Roncesvalles u otros romances en las que los moros son merecedores de respeto, aunque en una de las variantes del poema existe un verso que dice: “hijo eres de un moro perro/ y de una cristiana cautiva”).

La segunda parte, en cambio, consiste en un diálogo fantástico y de gran fuerza poética entre el rey y la ciudad de Granada, convertida metafóricamente en una mujer. La expresión del deseo del rey alcanza aquí su máxima intensidad al equipararse con una pasión amorosa; y entendemos que la respuesta ambigua de Granada (como la descripción de Abenámar) no hará sino enardecer ese deseo. De esta manera podemos decir que el poema posee una organización ascendente: a mesura que avanza va creciendo la emoción, el deseo y los sentimientos. En el caso de esta versión trunca, este deseo alcanza su mayor intensidad justo cuando se cierra el texto; en la versión larga, menos expresiva y con un desenlace añadido, no se hace tan patente esta gradación.

Para dar pie a cada una de estas partes el narrador utiliza la fórmula de introducción al diálogo de origen épico con la que anuncia la siguiente intervención y se dirige a los oyentes:

Allí respondiera el moro,
Bien oiréis lo que diría:
[…]

Allí habló el rey don Juan
Bien oiréis lo que decía:
[…]
Glosario de términos
§ Abenámar y Granada: nombres que nos remiten a la tradición musulmana (introducción al tema morisco-fronterizo).

§ Moro, morería: otros términos que nos introducen dentro del espacio y el tiempo de la acción.

§ Alambra, mezquita, Alixares, Generalife, Torres Bermejas: edificios artísticos de la ciudad granadina que nos remiten al arte musulmán (situación).

§ Señor: signo de vasallaje, de inferioridad respeto a un superior: el rey.

§ Luna crecida: luna llena.

§ Arras: bienes.

§ Doblas: moneda antigua castellana.
Métrica y figuras retóricas

El texto sigue el esquema métrico propio de los romances. Se compone de 56 versos octosílabos con rima asonante en los pares (pese al uso de imperfectos en posición de rima, que crea diversas consonancias) aunque, considerando la teoría sobre el origen épico de la versificación de los romances, deberíamos describir la estructura métrica como una composición de 23 versos hexadecasílabos monorrimos, divididos en dos hemistiquios de ocho sílabas.
Figuras retóricas

Reduplicación del vocativo ¡Abenámar, Abenámar! ; reiteración característica de muchos romances)

Repetición formularia

-dárete en arras y dote
A Córdoba y a Sevilla
Repeticiones sinonímicas

Casada soy que no viuda
Repeticiones literales

Casada soy rey don Juan
Casada soy que no soy viuda
Repeticiones (características del estilo del Romancero) como:
-Yo te la diré, señor
Aunque me cueste la vida,
………………………………………………..
Por tanto, pregunta, rey,
Que la verdad te diría.
Derivaciones descriptivas

Moro de la morería
Señales (exclamación de esas señales extraordinarias)

El día que tú naciste
Grandes señales había

Que son símbolos (mar en calma y luna crecida simbolizan favorables condiciones) y que se organizan en dos versos de estructura similar:

Estaba la mar en calma
La luna estaba crecida
Hipérbaton:
¡Altos son y relucían!
El hipérbaton que antepone al atributo “alto” destaca el poder de la ciudad, y el verbo “relucir” su belleza.
También se haya otros hiperbatones:

Allí respondiera el moro
Bien oiréis lo que diría
……………………………………………..
Que mentira no dijese
Libertad en el uso de los verbos

Por tanto, pregunta, rey
Que la verdad te diría
En vez de “te diré”

¡Altos son y relucían!
En vez de “relucen”
Oscilación entre el presente y el imperfecto:

¡Altos son – y relucían!

Que envuelve a los castillos en una atmósfera irreal entre el ahora de la narración y un pasado mítico.
Hipérbole

Cien doblas ganaba al día

(Cantidad muy exagerada)
Personificaciones

Si tú quisieses, Granada,
Contigo me casaría

Gradación: organización ascendente del deseo del rey a medida que van avanzando los diálogos, con una máxima intensidad al final del poema.

Anáforas (“que”)

Uso de la enumeración (en la descripción de Granada – y de anáforas):

-El Alambra____
Y la otra la mezquita,
Los otros los Alixares,
_______________.

……………………………………………

El otro ___Generalife,

El otro Torres Bermejas
____________ .
Aposiciones descriptivas (de carácter formulario que, en un solo verso, destacan su valor y su belleza):

Labradas a maravilla

Huerta que par no tenía

Castillo de gran valía.
Metáfora:

v Transposición metafórica ? (al final del poema, conversación entre Granada y el rey) del plano de la guerra al plano del amor: la ciudad a conquistar se convierte en la mujer amada, el rey en amante, la guerra en conquista amorosa… la ambición política del rey se convierte en pasión amorosa.

v Sistema metafórico ? “casada soy = gobernada”; casarse con el rey significa asimismo ser gobernada y conquistada por el rey (dos significados de Granada: amor y política).
Comentario literal y metafórico

El sentido literal es la historia de un rey que quiere incorporar una ciudad a su reino y que a su vez, trata de cortejar a una dama; el sentido metafórico es el deseo, la pasión, la ambición y los intereses, así como el amor o la exaltación de la belleza. También abunda el valor de la cortesía y la elegancia.
Valoración

El romance está dotado de un cierto lirismo que llena de expresividad una escena que contada de otro modo carecería de brillantez y sensibilidad, y este es uno de los aspectos que más me ha impresionado del poema. El tono ascendiente en que se expresa el deseo del rey, la admiración y el equilibrio con el que Abenámar describe Granada, la breve y misteriosa contestación de ciudad y mujer, que nos abre camino al suspenso y a la imaginación… todo esto me ha conmovido. Ahora, una vez terminado el comentario, me pregunto sobre la verdadera y completa historia de este episodio y sobre los sentimientos que todos ellos, los tres (cuatro) personajes, sufren y sienten en el más profundo de los corazones. Realmente, sería bonito poder escuchar aún en estos tiempos poemas como estos, cantados y sentidos por seres humanos.

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Una respuesta to “Comentario del romance Abenámar, Abenámar”

  1. Carmen González Huguet Says:

    ¿Juan II de España? Debió de ser Juan II de Castilla o bien Juan II de Aragón. En todo caso, ambos reyes fueron contemporáneos y parientes, ya que eran miembros de la familia Trastámara o Trastamara.

    En realidad, el rey Juan al que se refiere este poema es Juan II de Castilla, padre de Isabel la Católica.

    Comentarios a: carmengonzalezh@yahoo.com

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